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Las moscas

Compañeras de miseria en la elaboración diaria de la ilusión antaño perdida. En la cámara donde pergueño irrealidades fanáticas, con el tintineo menguante de mis posibles, oro porque los oscuros compañeros habitacionales no afanen lo poco que queda de mi sustento. Siento que resido en una sucesión de momentos históricos; la mujer de la pantalla me dice que tengo que crear una identidad novedosa para que fluya la abundancia, pero como el Demian de Herman Hesse, sólo me identifico con esa hoja movida por el viento de los tiempos. En los campos secos y amarillos de allí afuera, donde anónimos tractores son tan naturales como el trigo ancestral, el traqueteo de mi viejo auto me hace recordar que en cualquier momento, puedo unir mi boca a cualquier hormiguero. He pasado de una sucia buhardilla en el centro, donde me creía un genio para mí mismo, a la recámara del campo vacío. hábitat de ellas, las moscas, fúnebres e irritantes. Cuando paso por la orilla del Tajo, busco con la mirada a algún...
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Señor de los mundos

E cho de menos los portales que eran mis pequeñas casas, refugios del clima árido y presentación de voces nuevas. El Sol quemaba pero era mi amigo como el dolor de las rozaduras en cada pequeño paso. Echo de menos mi antigua vida islámica de confort en Dios Señor de los Mundos cuando los ancestros te cogían de la mano y te llevaban a rezar dejando el planeta a tus espaldas. Echo de menos comer en la calle como un vagabundo llegar cansado y satisfecho por el trabajo realizado. Quiero ponerme en tus manos someterme a tus designios como la gente de antes. Que el cura no me mire Que el imán sea astronauta que mi rezo al orbe sea sagrado. Leyes y ritos para purificarte y sentirte bien preparado para que los demás no sean hostiles colaborar a liberar al hombre de su pesada carga. Rabb al-‘alamin, رَبِّ الْعَالَمِينَ

Olor a tierra

H ay que salir a la calle porque el clima se muere. Tienes que ver el cielo antes de que la llama perfore tus ojos. Disfruta del preticor y del vuelo alocado del pájaro. No mires la acumulación de cadáveres en el suelo. Llueve y tienes que agradecerlo. Baila para los dioses del agua. Un subidón de azúcar y ya estás muerto. Mira los helechos o sus fantasmas en una foto de la pantalla. No temas. Queda poco.

Canciones : " Of the grass..."

 

Dormir en el suelo

Que te caiga el maná en los dedos cuando aún están hinchados en el último momento evitó que fueran cortados. Cambio de clima certificado ambiental calentamiento global de mis labios parece que la tristeza no se acaba nunca con este sol desarmado con este sol desorbitado. Un anillo crístico con forma de león alienta lo que palpita sin desesperanza. Si no te detienes, avanzas. Si miras al cielo, alabanzas. En el suelo, alabardas. Descansar para verte mejor.

Rechazo de la vida buena

Las esquinas se han convertido en palacios, los bancos donde se reúnen los muchachos son pequeñas discotecas, y los portales son platós de televisión donde las chicas hacen coreografías. Qué privilegio poder seguir siendo infantiles, lejos de la poesía profesional y de los poetas maltratadores. En provincias, los odios locales están a flor de piel, se critica por inercia a todo el que destaca, qué paz da la gran ciudad donde se es un desconocido de por vida, un nadie, un número rodeado de seres anónimos, pero nunca anodinos. Los mediocres se protegen unos a otros para evitar que el talentoso le robe la galleta al gato. Qué privilegio poder seguir siendo infantiles, lejos de la poesía profesional y de los poetas maltratadores. La libre indecisión de no querer volver nunca al lugar donde se nació. Compañeros de escuela que ya no representan nada. Ver gente buena sencilla y amable la que jamás seremos.

Relojes acuáticos

C abriolas en el agua y olor a porro fino. Niños que piden atención y padres que se los dejan a los canguros socorristas. Otros que se tiran de cabeza, bomba, de espalda, campeones de salto de longitud llegados del gueto. Unidos por la falta de urbanización y piscina comunitaria, los pobres, los extranjeros, los turistas, los que viven en el centro, remojan sus cuerpos doloridos. Los niños ansiosos, los que pasan de las normas, los que fuman a escondidas, los que beben ufanos en el chiringo del fondo, comunidad de inmolestados, donde el sol manda. Árboles y gorriones en comandita beben los vientos por nosotros, ignorantes a la otra fiesta del rampante verano.