Las esquinas se han convertido en palacios,
los bancos donde se reúnen los muchachos son pequeñas discotecas,
y los portales son platós de televisión donde las chicas hacen coreografías.
Qué privilegio poder seguir siendo infantiles,
lejos de la poesía profesional
y de los poetas maltratadores.
En provincias, los odios locales están a flor de piel,
se critica por inercia a todo el que destaca,
qué paz da la gran ciudad donde se es un desconocido de por vida,
un nadie, un número rodeado de seres anónimos,
pero nunca anodinos.
Los mediocres se protegen unos a otros
para evitar que el talentoso le robe la galleta al gato.
Qué privilegio poder seguir siendo infantiles,
lejos de la poesía profesional
y de los poetas maltratadores.
La libre indecisión de no querer volver nunca al lugar donde se nació.
Compañeros de escuela que ya no representan nada.
Ver gente buena
sencilla y amable
la que jamás seremos.
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